Una Violación Premeditada

Cuando me pidió que le quite las esposas le puse una mordaza en la boca, para que se callara y no se atreva a pedir socorro. Noté como su miembro empezaba a quedar erecto...

Eran las ocho de la noche de un día sábado, un día ideal para salir de copas pero Josep y yo decidimos encerrarnos en mi pequeño estudio para montarnos una fiesta privada.

Estábamos algo desinhibidos luego de beber varias copas de vino tinto, entre risas y conversaciones iba creciendo el feeling y chispas de deseo sexual. Estaba encantada con su compañía parecía alguien que posee una sensibilidad especial hacia las cosas bellas de la vida por más sencillas que parezcan, una persona que gusta de la música y el arte, alguien que disfruta enormemente una conversación al igual que yo, una persona que gusta de la poesía y la literatura, alguien que le gusta filosofar sobre la vida, una persona que igual puede disfrutar de una cena en un lugar lujoso o simplemente en un humilde hogar, una persona encantadora; no se puede tener una conversación tan nutrida y entretenida llena de arte como con Josep.

Algo exhausto se queda dormido sobre la cama, en una postura algo incómodo, en ese momento mi fuego sexual empieza a crecer, llevaba una calentura de perra en celo que no se lo había hecho notar por no perder las formas y no cortar su discurso tan tierno y poético sobre la existencia humana. Me bebo una copa de vino mientras mi imaginación empieza a florecer.

Tenía en el armario unas esposas que deseaba utilizarlas con él y esa era mi oportunidad, Josep estaba tan profundamente dormido que no sintió como le puse las esposas y le até los pies con una braga y un sujetador mío; empecé a acariciar la suave piel de sus piernas tenía unos pies preciosos, luego, con mi húmeda lengua empecé a lamer los dedos de sus pies para saltarme luego a chupar sus pezones de color claro marrón.

Empecé a tocar sus partes íntimas que estaban tan dormidas como él, así que tome un lubricante con efecto tenue de calor, puse un chorro sobre mi mano para tocarlo y deje caer otro tanto sobre su polla y empecé a friccionar y lamerlo como una perra sedienta. Fue entonces cuando empezó a despertar sin entender que era lo que sucedía.

Cuando me pidió que le quite las esposas le puse una mordaza en la boca, para que se callara y no se atreva a pedir socorro. Noté como su miembro empezaba a quedar erecto, tenía una miraba con las cejas ceñidas molesto y a la vez algo excitado. Movía la cabeza en señal de no querer continuar con lo que yo había iniciado; eso no me importaba tenía que cabalgarlo a como de lugar y saciar mi deseo. Podía notar como al cabalgarlo su polla quedaba cada vez más dura y cuando sentía que iba a explotar desaceleraba mi ritmo y otra vez volvía a subirlo y así lo tenía a mi gusto y antojo. Cuando aceleraba mis movimiento encima de Josep podía ver sus ojos excitados girados casi blancos de estar disfrutando el ser violado, aunque había momentos que volvía en sí y se rehusaba a querer tener sexo, empecé a darle besos forzados mientras estaba montada sobre él, hasta que sentí aún utilizando goma, toda la leche caliente que acaba de salir de sus partes íntimas.

Me sentía una ninfómana, no estaba satisfecha, Josep se había corrido y se notaba algo exhausto; aún seguía atado así que empecé a lamerle la polla para que quedara nuevamente erguida, me costo un poco pero quedo nuevamente dura como una piedra, lubriqué todo su miembro y empecé a cabalgarlo hasta que esta vez me corrí. Todo su vientre estaba húmedo de mi orgasmo, sin embargo seguí aprovechando, mis partes íntimas estaban tan sensibles que quería volver a correrme aprovechando que Josep aún estaba con el miembro erecto. Mis gemidos parecían excitarlo y al final nos corrimos juntos.

Josep es un chico europeo de 38 años, yo diría que de 1,8m, 80 kg, ojos color miel, cabello rubio marrón, de barba estilosa y bien cuidada, tiene grado universitario según él, deportivo, bien vestido y aparentemente muy higiénico.

Tres horas fueron suficientes para hacer realidad la fantasía que Josep tenía de ser violado salvajemente por una mujer.

Mencionó que para nuestra próxima cita le gustaría ser violado con un strapon, que, por cierto ya lo tengo; es un modelito realístico.