Sexo, Droga y Alcohol

20.11.2020

Le doy un abrazo y un beso en la boca mientras observo sus ojos de alegría dilatados como dos platos y la mandíbula con movimientos del típico colocado.



No recuerdo el día exacto, me parece que hace como dos semanas me contacta Andreu para tener un encuentro como los que siempre solemos tener, pero ese día fue distinto.

Él se encontraba en Pineda de mar. En vista que el mundo gira en base a las necesidades y quien necesitaba compañía era él y no yo así que:

  • Me pagas el taxi, que no pienso gastar lo que no tengo para ir a verte
  • Vale, avísame cuando estés en el Taxi.

Mientras iba en la parte trasera al chofer, mire con el rabillo del ojo como me observaba el taxista.

  • Éste hijo de la gran puta no creo que me deje tirada, no me coge el teléfono, noooo me lo creo (risas entre el chofer y yo)
  • Llámale nuevamente.

Al fin contesta Andreu, le paso el teléfono al chofer al cual le indica que podemos pasar al puerto y si pregunta el tranquero que le diga que nos esperan en un jate.

Al fin aparece caminando Andreu, con ese típico porte de catalán delgado y alto, me bajo contenta y le doy un abrazo y un beso en la boca mientras observo sus ojos de alegría dilatados como dos platos y la mandíbula con movimientos de colocado, mientras pienso que es normal, total solo me llama cuando está en ese estado.

  • Nena que alegría verte, estás contenta?
  • Tú que crees?
  • Que sí (risas)
  • Por supuesto, que has hecho de tu vida?
  • He estado navegando por Italia, ya te contaré en el jate.

Una vez dentro del jate me enseña amablemente el cuarto de máquinas ( es la primera vez y hasta ahora la última que he visto una), los camarotes y todos los compartimientos que sin duda eran de lujo.

  • Has comprado cerveza?
  • Sí, he tenido que salir a comprar
  • Va, invítame una, vamos a brindar por nuestro reencuentro
  • He comprado de "eso" ya sabes
  • Ya se que te gusta, se te nota en la cara (risas)

Estuvimos en el sofá compartiendo risas, historias y por supuesto cervezas.

  • Has traído algo para mí?
  • Medias lenceras y mi sujetador, me he olvidado de las bragas.
  • Pónmelas
  • Ponte de pie.

Le quite la ropa mientras no dimos unos morreos y luego lo vestí con mi lencería, iba por el jate con mi sujetador y mis medias lenceras de color negro, me encanta ese color.

Al cabo de una par de horas empecé a notar que se empezaba a poner cachondo, nos morreamos mientras yo permanecía sentada en el sofá, Andreu se puso de pie con una rodilla en el sofá, sentí una de sus manos en mi cuello.

  • Eres una puta, te follas a viejos feos y asquerosos, puta, puta.
  • Dime algo que no sepa.

Pude notar una mirada de odio mientras sentía que la sangre se iba reteniendo en mi cabeza, probablemente estuve de color tomate. Le miré a los ojos del mismo modo que él lo hacía mientras yo pensaba: sí, es cierto me follo a hombres mayores que incluso tienen una mejor polla que la tuya, tienes una polla delgada como un lápiz cuando llegas a tener una erección, mírate no puedes ni follar, vengo a verte porque me lo paso bien contigo que si fuese por follar seguro que no te elegiría nunca. Sentí la necesidad de decirlo pero me contuve, eso sería como atravesarle una bala de 9mm por el cerebro con daños colaterales en mi cuello.

  • Soy una puta y eso es lo que te gusta. Mírate eres la putilla de una puta, te sienta bien mi sujetador y mis medías.

Le dije con vos ronca de la presión en el cuello mientras hice un leve gesto con los labios de burla.

  • Nos tomamos unas rayitas?
  • Tú primero.

Sentí que me soltaba suavemente el cuello mientras notaba que el odio iba cambiando por un sentimiento de sumisión, lo pude notar en sus movimientos corporales. Nos fuimos a la cocina donde estaba el plato preparado, no hace falta entrar en detalles.

Para que se relajara le practiqué un "francés" en aquella polla que parecía un globo desinflado. 

Había llegado aquella cita como a las 23h y ya eran las 3h y no me apetecía seguir mas en aquel jate en compañía de Andreu.

  • Me voy, tengo ganas de estar en mi casa, así que llamaré la taxi
  • Vale, llámale.

Recordé la mirada de vicio que tenia el taxista marroquí cuando me dio su número y decidí anular el servicio, no me parecía fiable. Ya había tenido bastante adrenalina suelta con la compañía de Andreu. Llame a uno de mis amantes que estaba disponible en ese momento y gustoso fue hasta el puerto, Andreu y Ricard se saludaron de lejos.

Sentí tranquilidad y felicidad de ver a Ricard allí parado cerca del jate, empezamos a conversar durante el trayecto a Barcelona sobre el Che Guevara y temas que no tienen nada que ver con sexo.