Nuestros Últimos Polvos

Al caer el sol, sin un lugar donde ir y sin un duro, pues allí encima de su motocicleta empezamos a follar de pie...

Tenía aproximadamente 17 años él y 15 años yo, esa edad donde empiezas a conocer el despertar de nuevos sentimientos, todo parece más grande y exagerado de lo que en verdad debería.

El tío con el que mantenía un romance había terminado el bachillerato y sus padres lo estaban enviando fuera de la ciudad para iniciar una carrera universitaria, él temía de que con la distancia nuestro amor se fuera congelando, así que me propuso ir con él. No me lo pensé dos veces y una mañana cuando supuestamente salía en dirección al colegio me desvié en el camino, en la mochila llevaba en vez de libros, ropa para mi huida.

Mi padre (+) al descubrir que me había huido de casa, habló con los padres de mi entonces novio y decidieron que para salvar la tal deshonra que yo le había causado y "evitar" habladurías del pueblo, el matrimonio era la solución. Nuestros padres se desplazaron a la ciudad donde estábamos Yuri y yo, y, ante la notaría nos casaron. Los consejos de mi padre fueron: "continúa los estudios que yo te los voy a solventar" y así fue.

Terminé el colegio, y ya cursando mi carrera universitaria, el matrimonio iba fatal, era como un juego de dos niños, llena de bajos y altos, una relación de total inmadurez, mi "esposo" desaparecía de casa tres días o algún fin de semana, mamá decía que tenía que soportar calladita.

Uno de esos fines de semana que solía desparecer mi ex, hice mis maletas y desparecí sin darle una sola explicación, estaba harta de idas y venidas. Necesitaba estar sola, empecé a disfrutar de mi soltería y a centrarme en mis estudios universitarios.

Ese matrimonio por razones lógicas estaba destinado al fracaso. Nos divorciamos a los 5 años de convivencia, pero aún teníamos deseo sexual, ya nos conocíamos demasiado y sabíamos que convivir era algo imposible, había muchas infidelidades por su parte y una mía fue el detonante. Allí en mis tierras, se perdona la infidelidad a un hombre, pero un mujer? eso no se permite. Allí el hombre es hombre y se respeta como tal.

Estaba en casa y recibo una llamada, era él, mi ex, preguntando si podríamos vernos, mamá (+) me había aconsejado que por respeto a mí misma no acudiera, no me importaban los concejos y teóricas, yo lo que quería era palpar y sentir. Lo que queríamos mi ex y yo era follar muy a gusto, sentir nuestros cuerpos, nuestra piel, nuestra forma de amar (algo que por supuesto al día de hoy ni de coña).

Acudí a la cita, nos encontramos en una calle en las afueras de la ciudad, después de tanta habladuría del pueblo no queríamos causar disgusto a nuestras familias enfrentadas. Al caer el sol, sin un lugar donde ir y sin un duro, pues allí encima de su motocicleta empezamos a follar de pie, luego ya cuando quise hacer mi pose favorita, él tuvo que acostarse en el suelo en medio del matorral, follamos hasta cansarnos, varios polvos, hasta la madrugada a la luz de la luna. Nos echamos en cara un par de infidelidades e insultos del pasado y juramos no volver a vernos. Un juramento banal porque continuamos con nuestros encuentros clandestinos una y otra vez.

Un par de encuentros fueron en el matorral, otras en el último asiento de un autobús en alguna ruta donde no había mucha gente, llamadas eróticas incluyendo pajas, era muy creativa en cuanto a nuestras citas eróticas y mi ex mi cómplice.

Y así seguimos follando de manera clandestina para no decepcionar a nuestras familias, los encuentros duraron un par de meses, y, debo jurar que fueron nuestros mejores polvos, ya no estábamos casados, no había compromiso, y si nos mirábamos en la discoteca del pueblo evitábamos algún acercamiento, tal vez alguna sonrisa pícara a lo lejos.